• El inmigrante que está entre nosotros, es una persona con plenos derechos, independientemente de su estatuto legal.
• Posee una cultura propia que es la base natural de su crecimiento y su integración.
• Debemos poner los medios necesarios:
- Para que pueda vivir entre nosotros como ciudadano
- Para que pueda expresarse y que pueda aportar su riqueza cultural
- Para que pueda participar activamente en la construcción de una sociedad para todos
• El inmigrante, por el hecho de serlo, no debe ser tratado ni como marginado ni como excluido.
• La integración es un proceso global y que, por tanto, nuestros programas y nuestras actuaciones deben tender a hacer posible esa realidad.
Para garantizar la eficacia de nuestra acción, debemos esforzarnos en adquirir un conocimiento cada vez más amplio y preciso de la realidad.
• En este proceso, el inmigrante es el protagonista. Y debemos ayudarle a disfrutar plenamente de sus derechos y asumir sus obligaciones como individuo y como colectivo.
• No somos los únicos agentes.
• Nuestra acción es gratuita y que no podemos poner plazos a los procesos.
• La misma acción nos obliga a interpelarnos personalmente.
• La voluntad y capacidad de resolver los desajustes que surgen ante el fenómeno de la inmigración indicarán, como si fuera un test, nuestra coherencia ética y la de nuestra sociedad.