Es tiempo de hacer balance y mostrar nuestra mirada global
Artículo de nuestra secretaria general, Cristina García Uriel
En el primer año de pandemia hemos conocido la fragilidad y la incertidumbre y hemos tratado de gestionarlo de la mejor manera posible. Si algo nos está enseñando es que no somos tan diferentes unos de otros. Con necesidades básicas comunes (comida, vestido, techo…) y también con necesidades de amor, escucha, seguridad, de ocupación o empleo, de desarrollo personal, también espiritual y con un horizonte vital.
Cáritas ha estado abierta y volcada a atender las necesidades materiales de muchas familias, y, sobre todo, abierta a acoger, escuchar y acompañar miedos e incertidumbres, soledad y aislamiento; a facilitar, con nuestros medios, ser puente con el mundo tecnológico y telemático, ya que la brecha digital fue y sigue siendo un obstáculo para la mayoría de las personas que acuden a Cáritas.
Nuestra mirada a la realidad de un año tan difícil nos permite alertar de cuestiones como: la inseguridad que genera la falta de empleo y ocupación, así como la precariedad y temporalidad; la fragilidad de nuestros mayores (y de los no tan mayores) ante la soledad, y de su fortaleza en resistir y adaptarse; la prostitución y la trata, que se mantiene aún en momentos de pandemia, donde la violencia contra la dignidad de muchas mujeres se sigue ejerciendo y donde muchas de ellas son maestras en sobrevivir, incluso cuando los recursos no llegan y las puertas se cierran; la vivienda, que sigue siendo un derecho para unos, mientras que para otros es un deseo inalcanzable, teniendo que llamar hogar a una simple habitación; las dificultades de acceso a un Ingreso Mínimo Vital que, para muchas familias, se convertía en una trampa de burocracia y desesperanza, sin poder tampoco acceder al Ingreso Aragonés de Inserción o a otras prestaciones públicas; de cómo el hecho y el derecho de migrar se convertía en sospecha y “problema a erradicar”.
Ante esta realidad, ha sido fundamental contar con el buen hacer de las personas comprometidas (contratadas y voluntarias, sacerdotes, órdenes religiosas) que han hecho posible mantener la cercanía desde la distancia, convirtiendo en certezas la acogida, escucha, el apoyo y el acompañamiento. Ha cobrado vital importancia el cuidado y la prevención de todos, puesto que difícilmente podemos cuidar a otros si no nos cuidamos entre nosotros. Y aún con dificultades, la coordinación con otros recursos y entidades, públicos y privados, han sido fundamentales para construir conjuntamente en favor de quienes más lo necesitan.
Como organización y como Iglesia, hemos continuado adaptándonos a la situación, para dar la mejor respuesta posible: avanzando en la unificación de equipos de Cáritas bajo la organización diocesana de unidades pastorales o interparroquiales, adaptando proyectos y servicios, fomentando la incorporación de voluntariado y actuando responsablemente y con transparencia en la gestión de nuestros recursos. Continuamos con el proceso de cambio como organización, teniendo muy clara la necesidad de adaptarnos desde la sostenibilidad, con una misión centrada en las personas más desfavorecidas, todavía más a partir de la COVID-19.
Aun viendo las necesidades y carencias, hemos de transmitir el triunfo del amor, desde la confianza, compromiso y decisión de tantas personas que hacéis posible seguir trabajando por el bien común.
En este reto, queremos seguir contando contigo. Gracias.
Cristina García Uriel / Secretaria general



